El apostolado educativo de la FSSP en Colombia


Rvdo. Ángel Alfaro Rivero
(Imagen: Juventutem Chile)

 Articulo publicado por la Asociación Litúrgica Magnificat

Compartimos con nuestros lectores la información que nos ha hecho llegar el P. Ángel Alfaro Rivero, uno de los invitados internacionales al III Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile, sobre la hermosa labor que desarrolla la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Colombia. Este país y México son los dos únicos lugares donde dicho instituto tradicional lleva a cabo su apostolado dentro del mundo hispanoamericano. Para su mejor comprensión, hemos añadido una introducción sobre la misión colombiana de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro y sobre ella misma. 

La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, erigida el año 1988, y cuya misión es la formación y santificación de sacerdotes en el rito romano tradicional (a la cual ya nos hemos referido aquí y aquí), desarrolla un hermoso apostolado en la localidad de Anolaima, ubicada a dos horas de la ciudad de Bogotá y pertenenciente a la Diócesis de Girardot, Colombia. En dicho lugar, la Fraternidad abrió su primera casa en Hispanoamérica, bajo el patrocinio de San Martín de Porres, en 2006, en la Fiesta de San Pedro y San Pablo.

 

Junto con la santificación de los fieles a través de la enseñanza de la Fe y la administración de los sacramentos según los ritos tradicionales de la Iglesia, la Fraternidad desarrolla una intensa actividad pastoral a través de la promoción de programas sociales, culturales y laborales, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia y a los lineamientos establecidos en el Plan Pastoral de la Diócesis de Girardot. En este ámbito, especial importancia tiene la labor pastoral ejercida a través de la educación.

 

En la actualidad, la Fraternidad dirige y sostiene el Colegio Campestre Santo Domingo Savio, el cual recibe a cerca de 200 estudiantes originarios de esta zona rural y que inspira su labor educativa en el adagio salesiano “Hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos”. En este sentido, la Fraternidad colabora en la labor preferente de los padres de educar a estos alumnos en la Fe, a través del acopañamiento catequético y espiritual, la administración de los sacramentos y la adecuada formación moral y religiosa de sus alumnos, así como de sus familias.
A continuación les ofrecemos la transcripción de una carta a los amigos y bienhechores de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Colombia escrita por el Rvdo. Ángel Alfaro, quien expondrá a fines de este mes en la tercera versión del Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile sobre la experiencia pastoral de dicho instuto tradicional, en la cual repasa los acontencimientos más importantes del año pasado (2016) en el colegio Santo Domingo Savio y recoge el testimonio de jóvenes voluntarios venidos desde Europa donde se relata su enriquecedora experiencia en este loable apostolado. Las imágenes son las originales con que se ilustra la hoja informativa preparada por la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro.
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Estimados amigos y bienhechores:
La Iglesia es misionera por su misma naturaleza. Así lo puso de manifiesto Nuestro Señor Jesús el día de su Ascensión a los Cielos cuando, ante la mirada atónita de los apóstoles y de la gente congregada en el lugar, dijo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio” (Mc. 16, 15). La misión anunciada -confirmada y prolongada en la Iglesia por el Espíritu Santo el día de Pentecostés- se continúa de manera ininterrumpida en el mundo dando respuesta a las necesidades propias del hombre en su proceso de maduración, conocimiento y libre aceptación de la Verdad revelada en Jesucristo para su salvación.
Plenamente consciente de la trascendencia y de las implicaciones inherentes a su vocación primera, la Iglesia ha confrontado magistralmente las innumerables vicisitudes que, a lo largo de la historia, han ensombrecido el quehacer del hombre y de la sociedad frente al gran desafío de la Verdad: persecuciones, herejías, conflictos bélicos, intereses socio-económicos, cambios culturales, modas, tendencias de pensamiento, etcétera.
Los vientos doctrinarios desatados en el mundo durante los últimos decenios confirman una vez más esta realidad multisecular. El fracaso del racionalismo, y el consiguiente cuestionamiento de sus principales postulados, dieron paso a una de las peores dictaduras del siglo XX, la denominada “dictadura del relativismo”, la cual cercena todo principio absoluto y definitivo, somete la verdad al libre consenso, a los vaivenes del propio “yo”, y legisla en función de los intereses particulares de colectivos minoritarios, aun por encima del bien común y de las exigencias objetivas de la moralidad.
Frente a estos embates ideológicos y jurídicos, la Iglesia se ha pronunciado insistentemente sobre la necesidad de educar en la verdad a las nuevas generaciones, y ha resaltado el derecho que asiste a la familia en tanto que es el ambiente natural y primero donde se desarrolla el ejercicio educativo: “La familia, pues, tiene inmediatamente del Creador la misión y, por lo tanto, el derecho de educar a la prole, derecho inalienable por estar inseparablemente unido con una estricta obligación […] ” (Pío XI, Encíclica Divini Illius Magistri, de 31 de diciembre de 1929).
En este orden de ideas, la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, como hija de la Iglesia que es, no sólo participa de su vocación misionera haciendo de la educación parte integrante de su labor apostólica en el mundo, sino que corresponde al principio de subsidiaridad que asiste a los padres de familia a la hora de elegir un ambiente educativo acorde a los principios de la fe y de la moral cristiana, principios sin los cuales no existe educación plena y perfecta.
Nuevas desde el corazón de los Andes. 
El año lectivo 2016 concluyó con fruto y grandes expectativas. Dos nuevas promociones de estudiantes fueron entregadas a la Comunidad Educativa (Grados Transición y Quinto de Básica Primaria).
El presente año, por tanto, se inauguró con la presencia de los recién graduados en los ciclos de primaria y de bachillerato, respectivamente, lo que supuso un aumento considerable del número de estudiantes en ambas secciones. El crecimiento progresivo de nuestra institución educativa ha sido una nota característica desde su apertura, lo cual ha exigido y exige de nosotros un ejercicio constante de planeación en función de los objetivos educativos que perseguimos (hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos) y de los desafíos sociales, culturales, políticos, etcétera, a los que se enfrenta la sociedad colombiana.
Es por ello que las implicaciones del Proceso de Paz Colombiano establecen nuevos parámetros a nivel educativo que no podemos desconocer ni obviar si queremos que nuestra labor pedagógica sea realmente fecunda y forje en los corazones de nuestros niños los valores éticos y morales necesarios para la construcción de una nueva generación capaz de vivir en paz.
Apertura de nuestro restaurante escolar.
Según estadísticas oficiales, el 42% de los hogares colombianos padece hambre (DANE 2015), y uno de cada diez niños en Colombia sufre desnutrición crónica, lo cual supone el 13% de la población infantil del país (CEDE Universidad de Los Andes, Colombia, 2017).
Sin embargo, la carestía alimentaria no es la causa única de la desnutrición. Existen otros factores de riesgo a los cuales se encuentra íntimamente ligados, tales como: la carencia de hábitos alimenticios adecuados, la falta de higiene personal, la insalubridad de los espacios habitacionales, el mal uso del recurso natural y alimenticio, etcétera.
Frente a estas circunstancias tan cercanas a nuestra realidad, decidimos abrir el restaurante escolar. Una inversión económica considerable, pero necesaria para el desarrollo educativo de nuestros niños, quienes, alrededor de la mesa comparten, se alimentan adecuadamente, adquieren los hábitos necesarios para su crecimiento físico, moral y académico, además de recibir aquellos útiles pedagógicos e informativos para la erradicación progresiva del hambre y de la desnutrición.
Resultados Exámenes de Estado e implementación de aulas virtuales. 
Los resultados obtenidos en las Pruebas Saber 2016 han sido satisfactorios. Una vez más, nuestros chicos han dejado constancia de su buen rendimiento académico alcanzando resultados superiores al 80% del puntaje total en las áreas evaluadas (matemáticas, lengua española y ciencias naturales), lo cual nos sitúa entre las instituciones educativas con nivel superior a la media nacional.
Mantenerse y superarse exige de nosotros educadores una formación continua, y la implementación de nuevas tecnologías en los salones de clase. Este año contamos con una plataforma educativa virtual con la que reforzamos y ampliamos lo aprendido en el aula. Desafortunadamente, nos robaron las pantallas instaladas en las aulas de clase dos días después de su instalación, frustrando las expectativas de nuestros niños y truncando el proceso inciado… Dios quiera que pronto podamos adquirir nuevos equipos y continuar el trabajo digital con nuestros niños.
El desarrollo académico es complementado y afirmado a través de talleres artísticos (danza, música, pintura, escultura, costura, cocina), escuelas deportivas (natación, fútbol, voleibol, taekwondo) y laboratorios de idiomas (inglés y francés). Vemos como los niños comienzan a desarrollar sus facultades físicas e intelectuales de manera autónoma y los avances son considerables.
Uno de los logros de mayor relevancia al respecto es la publicación de nuestro primer libro de cuentos, escritos por nuestros chicos, el cual pueden encontrarlo en el siguiente enlace.
Educación en los principios de la Fe. 
“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4). Esta expresión categórica se inscribe en el corazón de nuestra labor pedagógica, cuyo objetivo no es otro que disponer la integridad del ser a la recepción de la Verdad, de la Palabra de Dios hecha hombre: Nuestro Señor Jesucristo.
La enseñanza catequética, la celebración de la Santa Misa los días lunes y la Exposición del Santísimo Sacramento los días jueves, reconducen nuestra mirada hacia Dios dando pleno sentido al proceso educativo: “El futuro de la humanidad se encuentra también en la relación de los niños y jóvenes con la verdad: la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la creación, la verdad acerca de las instituciones, etcétera. Con la educación a la rectitud de corazón y pensamiento, los jóvenes necesitan -hoy más que nunca- ser educados en el sentido del esfuerzo y de la perseverancia ante las dificultades. Tienen que aprender que todo acto que eleva la persona humana debe ser responsable y coherente con su deseo de infinito, y que este acto acompaña su crecimiento en vista de la formación de una humanidad cada vez más fraterna y libre de las tentaciones individualistas y materialistas” (Benedicto XVI, discurso pronunciado el 13  de diciembre de 2012).
Apertura de un internado para niñas campesinas.
El papel preeminente de la mujer en el desarrollo social es indiscutible. Hacerlo valer de hecho y de derecho es necesario si queremos restablecer el orden social en nuestras sociedades y en nuestras familias.
Esta necesidad nos mueve, particularmente frente a las múltiples situaciones de riesgo que rodean el cotidiano de un gran número de niñas campesinas, quienes se ven abocadas a repetir la historia que han vivido sus mayores (abandono, violencia, abusos físicos y morales, etcétera) a causa de las circunstancias en las que viven.
En orden a salvaguardar su integridad física y moral, estamos en el proceso de creación de un espacio que asegure su continuidad educativa y su formación humana, moral e intelectual, medios necesarios para la regeneración social y el desarrollo de nuestras sociedades.
Este proyecto, en particular, y la obra en general, necesitan de una inversión constante a nivel humano y de infraestructura. Es por ello que solicitamos su apoyo moral, espiritual y material para la consecución de nuestra labor apostólica, la cual se hace presente en el corazón de los Andes, en el corazón de una nueva generación de “buenos cristianos y honrados ciudadanos” portadores de paz y esperanza.
Necesitamos manos que nos ayuden. 
Todos los años recibimos jóvenes voluntarios de diversos países, quienes ofrecen a nuestros niños y jóvenes seis meses de sus vidas. La experiencia es tan enriquecedora para nuestros chicos como para ellos.
Si en usted existe el deseo de dar un tiempo de su vida, no lo dude. Puede contactarnos y realizar la solicitud a través del siguiente correo electrónico: fratcontact@gmail.com.
En la actualidad, contamos con cinco aventureros quienes crecen haciéndonos crecer. Pero, no seré yo quien les cuente su experiencia… mejor que lo hagan ellos con su propia pluma.
Desde los Pirineos a los Andes (Sixtine, Alix y Alice).
“La tierra colombiana es hospitalaria. Nos acogió con la autenticidad que la caracteriza, con sus calles destapadas, con el colorido que anima sus pueblos, con la precariedad de sus fincas y el calor de su pueblo. Somos tres chicas jóvenes venidas desde Francia para llevar a cabo seis meses de voluntariado en el Colegio Campestre Santo Domingo Savio, institución educativa pertenciente a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro.
Residimos en La Florida, pequeña pedanía andina adosada en los flancos de unas montañas cuyas cumbres sinuosas se muestran reverdecidas y ligeras. La escuela, se encuentra en Anolaima, situado la falda de la montaña, enclavado en sus pliegues, a la sombra de los platanares.
Llegamos a Colombia en enero. Desde entonces, nos hemos venido adaptando al ritmo de la misión y, sin darnos cuenta, nos hemos enamorado profundamente de la escuela e identificado plenamente con su alma, todavía joven pero fecunda y prometedora.
Además de los cursos de francés que impartimos a los profesores y a los estudiantes del colegio, encontramos también el tiempo para ayudar en los salones de jardín y de transición, allí donde una mano, por pequeña que sea, es más que apreciada… Realmente, no faltan las ocupaciones y el colegio reclama de nosotras ardor y voluntad, además de los medios necesarios para su funcionamiento.
Efectivamente, el paso de los días mitiga nuestras miradas embelesadas y las exclamaciones de asombro que surgen espontáneamente frente a la novedad y al exotismo del lugar. El velo de las apariencias se desvanece progresivamente y la realidad colombiana se muestra. A veces sorprendente (para nosotras, en particular, acostumbradas a otro modo de vida), a menudo dura, pero siempre inquietante y evocadora, poco a poco nos hacemos a la cultura de un país en el que la realidad de sus campos se encuentra estigmatizada por la violencia y la miseria.
La apuesta lanzada por esta escuela, desde su apertura en febrero de 2010, es tan intrépida como prometedora, puesto que se dice educadora en el sentido más estricto del término. Todos los esfuerzos se centran en el desarrollo de la persona humana, de su integridad y de su unicidad.
De este modo, los estudiantes comprenden el valor del trabajo intelectual y, sobre todo, la necesidad de formarse como personas de bien, capaces de realizar honradamente cualquier tarea, incluso las más simples y humildes. La revalorización de las artes y de los oficios autóctonos juega, por consiguiente, un papel importante en la vida de la escuela y se fomentan a través de talleres y cursos de agricultura, costura, carpintería, cocina, artes, etcétera. Así es como lo concreto y lo cotidiano cohabitan de manera justa y equitativa con lo puramente escolar y académico.
La realidad que ahora vivimos nos ha permitido descubrir con dolor muchas de las dificultades que, a nivel material, moral y familiar, afrontan la mayoría de los niños con los que compartimos nuestro trabajo cotidiano. Sin embargo, la motivación que los impulsa a continuar su formación y su implicación con el colegio son para nosotras una magnífica lección de vida, y estamos seguras de que muchos niños superarán los límites del contexto familiar y social en el que viven; otros se realizarán en el desarrollo de su vocación campesina; sin embargo, sea cuales fueren sus condiciones futuras, todos estos niños cumplirán ciertamente sus deberes a conciencia y de manera responsable. Todos recibirán su justa retribución y, en gran medida, su honor, seriedad, firme voluntad y profunda alegría se lo deberán, en gran medida, al Colegio Santo Domingo Savio, lugar donde adquirieron estos valores.
Otra de las dificultades que saltan a la vista es la imposibilidad de acceder a la universidad a causa de los altos costos que esto conlleva, limitándose inexorablemente los horizontes de futuro de la gran mayoría de los jóvenes del lugar… nuestra escuela, sin embargo, no sólo les propone perspectivas reales de desarrollo a las nuevas generaciones, sino que también les ofrece la oportunidad de dejar atrás la precariedad, les procura los elementos de apertura al mundo gracias al aprendizaje de nuevos idiomas, al contacto con los voluntarios venidos del extranjero y a los viajes propuestos por el P. Ángel, e inculca en el corazón de los niños y de los jóvenes el deseo de volver a sus raíces campesinas.
La escuela se encuentra aún en construcción, a pesar de los avances realizados desde su inauguración. A la espera de alcanzar condiciones locativas favorables, y gozar de días clementes, se trabaja en función de los medios con los que se cuenta… Los libros, el papel y el material escolar son, a veces, reutilizados u obtenidos a partir de donaciones, si bien los profesores cuentan con todo lo necesario. Muchas de estas carencias frenan el aprendizaje de los niños e impiden la consecución de proyectos como: la apertura de un internado para niñas y la construcción de un segundo piso o la compra de una fotocopiadora…
Las contrariedades percibidas nos llevan a desempeñar con mayor ardor nuestra misión, animadas cada vez más por la alegría y el entusiasmo que nos transmiten estos niños y jóvenes, quienes, a pesar de la lluvia, de los deslizamientos de tierra, del caótico estado de las carreteras, de la ausencia de transporte, todos cumplen fielmente su cita con el pupitre.
El Colegio Campestre Santo Domingo Savio está siendo una escuela de vida para nosotras. Aquí encontramos pleno sentido a nuestro voluntariado, mientras que nuestras miradas permanecen absortas y maravilladas.
Permítannos concluir, poniendo un rostro al sueño de algunos niños, sueños que forman ahora parte de los nuestros. Santiago quiere ser Alcalde, Alejandro se ve como profesor de inglés, María Paula acaricia el proyecto de ser médico y Angelo quiere ser mecánico… Todos estos rostros, siempre sonrientes, depositan su confianza en cada una de nosotras, en todos y cada uno de ustedes.
Encomendamos el futuro de la escuela, así como los frutos de nuestro voluntariado, a sus oraciones, a fin de que encuentre un lugar privilegiado en el corazón de cada uno de ustedes, pues necesitamos de vuestra generosidad para continuar tan hermosa labor.
Santo Domingo Savio y San Martín de Porres, rogad por nosotros.
¡Que Viva Colombia!
Alice, Sixtine et Alix.
Benedict Haller, de los Alpes a los Andes. 
Me llamo Benedikt Haller, tengo 19 años y soy de Villingen, Alemania, ciudad cercana a la denominada Selva Negra. En junio de 2016 concluí mis estudios de bachillerato en el Liceo Santa Ursula de Villingen, y decidí realizar un tiempo de voluntariado en Colombia, con los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP).
El día 4 de enero del presente año, tras 15 horas de vuelo, aterricé en el Aeropuerto El Dorado, de Bogotá. Cuando sobrevolaba la ciudad, observé a través de la ventanilla del avión el lugar de destino. Me llamó la atención, el mar de casas en ladrillo rojo con techos de coloridos que la conforman.
Mientras caminaba por los pasillos del aeropuerto hacia migración, cientos de preguntas e inquietudes me asaltaban: ¿Dónde me he metido? ¿Cómo será la vida aquí? ¿Quiénes son realmente los colombianos? ¿Cómo van a recibirme? ¿Encontraré mi camino? Pero la realidad se impuso… me encontraba por primera vez fuera de Alemania, en tierras colombianas, con el fin de vivir un año de voluntariado en la escuela fundada por la FSSP.
Imbuido en estas consideraciones, llegué a los puestos de Migración Colombia. El policía, cariacontecido, estampó en mi pasaporte el sello de ingreso al país. Una vez que recogí las maletas salí del aeropuerto, y allí, al exterior de las instalaciones aeroportuarias, entre la muchedumbre, logré ver al “hombre de negro”, el P. Elvis Ruiz Silva, sacerdote colombiano perteneciente a la FSSP, quien me recibió gentilmente y condujo desde el aeropuerto a la casa… dos horas y media de ruta, y al fin llegamos a La Florida, pueblo en el que se encuentra la casa sacerdotal. La recepción fue muy grata y todas mis preocupaciones e inquietudes se desvanecieron.
Al día siguiente, fui por primera vez a la escuela. Esta se encuentra en Anolaima, a siete kilómetros de la casa. El tamaño y las instalaciones del colegio me sorprendieron…restaurante, campo de fútbol, cafetal, granja con vacas, caballos, cabras, gallinas, etcétera. Sin embargo, lo que más me gustó fue la Capilla. Su estilo sencillo y la calidez de su construcción en guadua, invitan al recogimiento.
Los estudiantes de bachillerato inician su jornada de estudio en la capilla con una pequeña oración, un tiempo de lectura espiritual y la reflexión del día. El día lunes, se celebra la Santa Misa para todos los estudiantes y el día jueves se expone el Santísimo Sacramento. Este programa, dirigido por los tres sacerdotes de la FSSP que trabajan en la escuela, imprime carácter en el corazón y en las vidas de los niños.
Estoy muy contento de vivir esta experiencia. Como yo, tú también puedes colaborar en el desarrollo de esta importante obra educativa. Los sacerdotes de la FSSP necesitan mucha ayuda, y ofrecen la posibilidad de trabajar con ellos en labores pedagógicas, constructivas, culturales, etcétera, o, en su defecto, con un aporte solidario que facilite los procesos educativos de los niños. “Todo lo que hagas por uno de estos mis pequeños, conmigo lo haces”.
Conclusión e invitación.
Así perciben los jóvenes la realidad que conforma nuestro trabajo cotidiano, el cual es ya parte del suyo. Así es como realizan en sus vidas y en sus corazones algunos de nuestros anhelos, haciendo realidad muchos de ellos gracias a su generosidad.
Aquellos de ustedes que deseen apadrinar la escuela o el internado para niñas con su aporte, pueden hacerlo a través de las direcciones indicadas en el pie de página, o poniéndose en contacto directamente con nosotros en en la página de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Colombia o del apostolado del que estamos hablando.
Todo don, por pequeño que pueda parecer, realizado por amor de Dios, deviene infinito, porque infinita es la Misericordia y la Providencia de Dios.
Lo hasta aquí esbozado ha sido posible gracias a la multitud de corazones que laten por el crecimiento de nuestra misión, y por el desarrollo de una nueva generación de “buenos cristianos y honrados ciudadanos”. Reciban nuestros sinceros sentimientos de gratitud por la ingente ayuda prestada hasta el momento, y no nos olviden en sus oraciones; ustedes están siempre presentes en las nuestras.
Dios los bendiga y guarde.
Quien los quiere y lleva en sus oraciones.
P. Ángel Alfaro Rivero
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