En Lourdes se abre de nuevo el rito antiguo


Fuente: Chiesa espresso on line

En la diócesis vitrina de la Iglesia de Francia el nuevo obispo es un amante de la tradición y es un discípulo del teólogo von Balthasar. Lo ha escogido personalmente el Papa, junto con el cardenal Ouellet.

CIUDAD DEL VATICANO, 17 de febrero del 2012 – Después del nombramiento “personal” del obispo Francesco Moraglia como patriarca de Venecia, Benedicto XVI ha dado un golpe análogo en la Iglesia de Francia.

Lo ha hecho el sábado pasado, 11 de febrero, memoria de la Virgen de Lourdes, al nombrar el nuevo obispo de la diócesis en la que surge el célebre santuario mariano, precisamente la de Tarbes y Lourdes. El Papa Joseph Ratzinger ha llamado a este cargo a monseñor Nicolás Brouwet, 50 años el próximo 31 de agosto, desde abril del 2008 obispo auxiliar de Nanterre, diócesis en la cual nació y fue ordenado sacerdote el año 1992.

El nombramiento llegó antes de lo previsto, dado que el predecesor de Brouwet, monseñor Jacques Perrier, en el cargo desde 1997, pasó los 75 años, edad de pasar al retiro, el pasado 4 de diciembre y por lo tanto ha tenido sólo un par de mese de “prorogatio”.

La elección de Brouwet además, como la de Moraglia, no ha pasado a la evaluación de los cardenales y obispos de la correspondiente congregación en una de sus reuniones de los jueves. Ambos tomarán posesión de sus respectivas diócesis el próximo 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.

Es fácil pensar que el prefecto de la congregación para los obispos, el cardenal Marc Ouellet, haya apreciado el hecho de que Brouwet sea miembro del “Johannesgemeinschaft”, el Instituto de San Juan fundado por el teólogo Hans Urs von Balthasar. También Ouellet tiene en gran estima y ha sido amigo del teólogo suizo, sobre cuyo pensamiento discutió en su tesis de doctorado en dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Después de los estudios superiores en la universidad estatal de Nanterre, donde obtuvo un diploma en historia, Brouwet entró en el pontificio seminario francés de Roma. Frecuentó los cursos de filosofía y de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, concluyéndolos con el bachillerato en teología. Luego se inscribió en el Instituto Juan Pablo II para el matrimonio y la familia, obteniendo allí la licenciatura. En el bienio 1986-1988 realizó dos años de servicio civil en Jerusalén, enseñando idioma francés. Después de su ordenación sacerdotal, recibió varios encargos pastorales en la diócesis de Nanterre, como párroco, capellán en la escuela y en la universidad, delegado diocesano para la formación de los seminaristas y también docente de moral y director espiritual en el pre-seminario.

Su nombramiento en el 2008 como auxiliar de Nanterre fue interpretada como un balance respecto al ordinario, monseñor Gerard Daucourt, 71 años, miembro del pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, gran partidario del diálogo ecuménico en particular con los ortodoxos, pero muy frío en tratar con el mundo tradicionalista católico, que es particularmente vivaz en Francia y en particular en su diócesis.

En cambio a monseñor Brouwet, aunque de joven edad, se le debe reconocer una sensibilidad litúrgica particularmente vinculada a la tradición. El pasado 25 de diciembre ha celebrado la misa de Navidad en la forma extraordinaria del rito romano, según el motu proprio “Summorum pontificum”. Y ha participado también en las peregrinaciones tradicionalistas de París a Chartres en el día de Pentecostés. Está en el la línea de la tradición también su postura sobre las cuestiones morales.

Esto no quiere decir que Brouwet sea un tradicionalista sin más; bastaría ver sus fotos oficiales en clergyman para entenderlo. Él pertenece más bien a la generación de jóvenes sacerdotes que, como el Papa Ratzinger, juzgan el mundo tradicionalista – muy vivaz en Francia también en su componente no lefebvriana – más como un recurso que como un problema, al contrario de la vieja guardia progresista del episcopado, siempre menos influyente, pero también de la generación “lustigeriana” que ahora lo lideran, a través de figuras como el cardenal de París André Vingt-Trois o el arzobispo de Rennes Pierre d’Ornellas.

Lourdes no es una diócesis cardenalicia, pero con su célebre santuario mariano es como el corazón espiritual de Francia. Es allí que se reúne habitualmente la asamblea plenaria de los obispos franceses. Sin contar además la dimensión internacional de la diócesis. Allí llegan feligreses, seminaristas, sacerdotes, religiosos, obispos y cardenales de todo el mundo. Algunos problemas de carácter administrativo que se han verificado recientemente en la diócesis han sido monitorizados con particular atención por la Santa Sede.

Por todos estos motivos es todavía más significativo que Benedicto XVI haya confiado la diócesis de Lourdes a un joven obispo de características bien definidas como Brouwet.

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